La naturaleza nos ha colocado, por decirlo así, pequeñas pantallas de televisión que nos exhiben las porciones más remotas del cuerpo mediante respuestas nerviosas reflejas. Nos hemos dado cuenta de que el ojo funciona en dos direcciones; no solamente lleva las imágenes del mundo exterior al interior, sino también imágenes de lo que acontece en el interior del organismo, hacia el exterior.